sábado, 23 de abril de 2016

Movilidad.


Estar en movimiento, 
posar la nariz en otros lugares,
abrazar a otros y reconocerme en ellos,
caminar desconociendo el mundo
y comiéndomelo a la vez,
abrir los brazos y tocar el cielo,
sentir la libertad brotando de mí,
reír a carcajadas
y hacer de otros espacios mi lugar.
Vivir para viajar,
para conocer
y para jamás quedar inmóvil.



lunes, 11 de abril de 2016

Esto soy.

Soy lo que vivo,
lo que siento,
lo que experimento,
lo que sufro,
lo que amo,
lo que duele,
lo que me mantiene despierta.
Soy cada uno de los abrazos que dí,
soy cada palabra que cruzo con quienes amo,
soy esa dulzura cubierta de ironía,
soy ese deseo oculto de seguir amando,
soy la preocupación de mamá
y los pasos de mis hermanos.

Soy innumerables sensaciones a la vez,
que estallan en cada abrazo.
Eso soy. 


sábado, 16 de enero de 2016

No más.

Y yo tanto que me burlo de las personas cíclicas,
y aquí estoy,
viviendo las mismas sensaciones una y otra vez,
respondiendo al dolor con lágrimas
y al sinsentido con letargo.
Se supone que vivir con miedo no es vivir,
y quizás sea cierto,
me siento así hace largos años:
miedo a que la soledad me ahogue,
miedo a que los años pasen y siga aquí 
(hoy lo siento más que nunca),
miedo a sentir el vacío que siento hoy,
miedo a dejar de ser,
miedo a quedarme pegada,
miedo a no ser valorada,
miedo a no ser amada,
miedo a seguir siendo "la hermana chica",
miedo a ser la "eterna amiga",
miedo a todo y a la nada.

La única certeza que me queda es,
que las cosas seguirán igual, 
mientras estos sentimientos se me queden pegado a la piel.
Seguiré teniendo días de mutismo selectivo como hoy,
días de alegría extrema como días anteriores, 
días de hermandad y amistad,
y días de infinita soledad.
No quiero más.
Me siento adicta a esta puta sensación de estar
pegada a las lágrimas que siguen cayendo.
Ni siquiera sé a qué aferrarme para salir de esta estupidez humana.
Y yo, 
que me burlo de todo individuo con apego al dolor,
que se aferra a sentimientos vagos para salir.


viernes, 18 de diciembre de 2015

Chau compañera.

Buscar el recuerdo más antiguo,
quizás el primer día que llegaste a mis brazos, 
y que no supe si hacerte dormir conmigo
o en el patio.
A lo largo de trece años,
crecí contigo.
Compartíamos el proceso de hacernos mujer,
de seleccionar a quienes nos acompañarían el resto de la vida,
quienes había que ladrar
y con quienes podíamos ser en plenitud.
Sin duda,
me enseñaste a amar sin condición,
a perdonar porque nos hace mejores personajes,
a abrazar siempre, sin importar la fecha,
a alegrarnos por salir a pasear juntas.
Perdonaste cada uno de mis errores,
mis faltas de compromiso 
y mi cansancio habitual.
Porque sí, amar es perdonar y crecer.
Gracias por venir a invadir mi vida
y enseñarme tanto,
por tener carácter 
y no dejarte acallar.
Gracias por acompañar la mitad de mi vida
y hacer de cada espacio un momento que recordar,
porque crecimos juntas.
Chau compañera,
nos veremos cuando Dios diga, 
para comer plátanos y ladrarle a Michello.
Te amo más allá de las estrellas.


domingo, 15 de noviembre de 2015

Elegí ser feliz.

Estos últimos he entendido aquella idea lejana,
esa que la gente siempre repite
"tú decides ser feliz y cómo ves la vida".
La pucha que es cierto.
Aún cuando en mi caso, 
la enfermedad de papá,
el poco profesionalismo
y el dolor de otros
me afecten como si los sintiera en mi vientre.
Cuesta entender esa idea,
cuesta abrir el corazón y los ojos,
mirar de frente y decir "deseo ser feliz frente a todo,
me comprometo con mi vida,
a vivirla y disfrutarla,
a saborear cada ilusión
y amar sin límites".
Es mi intento diario,
mi deseo ferviente de tocar la felicidad con los dedos,
de que todas y cada una de las decisiones tengan sentido
y estén vistas desde los ojos de Dios.
Que el fracaso más grande,
sea la oportunidad más certera de ser feliz.
Así quiero mi vida,
feliz hasta en el dolor más grande,
porque sé que las oportunidades se deben tomar,
y abrazar.
Me doy la chance de ser feliz con lo que tocó,
pero también con lo que decidí,
con lo que elegí
y con lo que me fue dado.



domingo, 27 de septiembre de 2015

.-

No quiero compasión
Lo que deseo es gritar a los cuatro vientos
que la vida es una mierda.
Me cansé de mirar el vaso medio lleno,
porque solo está lleno de dolor y de llanto,
de cansancio y pocas energías,
de estancamiento y ahogo.
Me cansé de entender todo,
de comprender,
de guardar silencio,
de aguantar y quedarme.
Ahora sí,
quisiera ser uno de mis hermanos
con su vida resuelta,
con todos sus planes hechos fuera de casa,
con su sueño tranquilo
y en sus casas silenciosas,
con el cansancio por el trabajo
y no por la enfermedad,
con los ojos hinchados por haber dormido mucho
y no por llorar de impotencia.
Quiero que las horas de la noche se multipliquen,
para no volver a despertar en días,
que esta maldita agonía se acabe,
que algo por fin me mate para dejar de sentir.
Quiero ser invisible,
insensible,
desvanecerme sin dejar huella,
porque no existe refugio,
no existe espacio en el que deje de sentir este dolor,
No me pidan que piense en ser feliz,
en que alguien me salve de esta mierda,
porque luego de este ejemplo,
no estoy de acuerdo en compartir la vida con nadie,
no deseo embarcarme en sueños que no me pertenecen,
ni mucho menos en que otro cargue mi historia.
Mi deseo es no vivir más esta mierda,
que mi madre recobre energías para tomar decisiones
y viva en plenitud.
Quiero dejar de llorar los domingo por la mañana
y esquivar su encuentro,
quiero y deseo tranquilidad.

Alguien que cuide de mí
que quiere matarme
y se mate por mí. 

martes, 25 de agosto de 2015

Gris y amarga vida.

La temática es recurrente.
Llevo semanas haciendo las cosas mal,
equivocándome,
siendo reprochada,
me han llamado la atención
y mi cuerpo lo ha resentido.
Una vez más he pensado en esconder mi cabeza,
largarme a llorar,
y no salir más.
Como cualquier persona infeliz,
he pensado en la puta idea de crecer,
¿a quién carajo le gusta ser mayor,
adquirir responsabilidades,
estar expuesto al comentario del resto,
y usar armadura para no ser herido?
¡A la mierda!
A nadie le gusta eso,
y el que diga que sí,
miente descaradamente.
La vida nos obliga a crecer desde temprana edad,
nos expone a todo dolor,
a toda situación que requiera pararse y luchar,
sin medir consecuencias o heridas.
Sí, claramente estoy viendo el lado más gris de la vida,
y lo hago porque todo el mundo se encarga de crear frases hermosas,
con el único fin de conformarse con la mierda de vida.
Nos dicen ser luchadores por soportar una enfermedad que nos pudre el alma,
nos dicen buenas personas porque no decaemos,
dicen admirarnos, 
mientras nosotros queremos desistir.
Digan lo que quieran,
amargada: sí,
negativa: sí,
infeliz: sí,
pero porque no me conformo,
puteo y maldigo,
reprocho y me hundo,
porque esto no es lo que soñé cuando pendeja,
cuando todos deseamos crecer para "llegar a ser".
No quiero llegar a ser nada,
quiero ser feliz,
que alguna vez las cosas salgan bien
y deje de equivocarme
y de agachar la cabeza.
Eso me tiene podrida por dentro
y mi cara no sabe mentir.

Todos los años la misma sensación.
Y vuelta a sentir vacío dentro
e incomodidad por fuera.

Somos