domingo, 24 de noviembre de 2013

Los domingos siempre fueron distintos.
Desde pendeja me lo enseñaron así.
Tal cual.
Nos vestiamos distinto.
No era un día cualquiera.
A misa y a encerrarse a casa de los abuelos,
con primos y parentela incluida.
Conforme pasan los años,
no se me olvida que los domingos son especiales.
Aunque tenga que seguir construyendo una tesis,
a punta de desvelos y de un horario de mierda.
Aunque tenga que cargar con una enfermedad
y una persona autoreferente, que no ve más allá de sus ojos.
Aunque tenga unas ganas de rajarme llorando,
que solo se queda en ganas y ganas,
porque no puedo,
porque no hay tiempo,
porque no hay don.
Si pudiera pedir algo hoy,.
a esta hora,
sería empatía.
Tal como hace años,
cuando estaba cegada en una relación bien penca,
de amor desgastado:
"Regalo mis zapatos por algo de empatía".
No quiero que me soben el lomo.
No necesito que me ahoguen en demostraciones de preocupación.
Sólo necesito empatía.
Amor por el otro,
ese amor fraterno y bien sanito.
¿Costará mucho ser bondadoso con el otro?
Me canso y me cansé.
Estoy aburrida.
¿Por qué carajo a las personas les gusta cagarles el día a los demás?

No sé.
No encuentro reciprocidad.
No encuentro empatía.
Críticas, autoreferencia, ausencia.
¿Algo más?
Sí.
Emoción anudada en la garganta.

martes, 17 de septiembre de 2013

Por mí.

Hay días en los que me gustaría vivir en la locura,
tener el tiempo y la plata necesaria para darme gustos,
para invitar e invitarme a vivir.
Me gusta cómo me hace sentir,
cómo me habla,
cómo me mira y se ríe de mí,
la complicidad y esa amistad,
la manera de ver la vida y la invitación que me hace.
Anque me persiga esa puta relatividad en las relaciones,
yo quiero ser parte,
asi que ¡adelante!

Yo, he vuelto a sonreír por MÍ

domingo, 28 de julio de 2013

Todos los días

Temo
Tengo miedo
Puto y feo miedo
Ese miedo que congela los pies
y que me mantiene nerviosa al pensar en él
Ese mismo miedo de pendeja
Ese que me tenía soñando siempre
para derrumbarlos al final de la noche
Miedo a que las palabras no tengan más validez
Miedo a que los años pasen y yo siga pegada
Miedo a ese Alzheimer gigante
Miedo a esa jodida dependencia
Miedo a que esperen tanto de mí y yo no quiera estar
Miedo a que no me dejen ser y cre(c)er
Miedo a que ese día no llegue
Miedo a seguir siendo un fantasma para todos
Miedo a seguir siendo fantasma en mi vida
Miedo a la cruda realidad
Miedo a tener los pies helados hasta después de la muerte
Miedo a (no) ser
Miedo a seguir siendo la menor en todo
Miedo a verbalizar
Miedo a dejar de importar
Miedo a ser la amiga por la eternidad
Miedo a no tener sueños
Miedo a que sepan de mí más que yo
Miedo a ser leída
Miedo a ser descubierta desnuda ante muchos ojos
Ese puto miedo es el que me recorre la piel todas las noches
¿Qué será de mí?

lunes, 22 de julio de 2013

¿Ayuda?

Hay quienes están para exigirte,
para cuestionarte,
para preguntar
"bueno, ¿y cuándo?"
Hay otros que están para observar,
para medir tus actos,
y así desde el silencio poder actuar.
Hay otros quienes son cómplices,
que no cuestionan sino que acompañan,
que se tiran consejos en vano como
"no te preocupes, a todos les toca"
(qué carajo es eso, como un premio de consuelo).
Son un bálsamo permanente,
una conversación a calzón quitado,
sin esconder los miedos 
porque sé que no me van a recriminar
ni mucho menos lo usarán como tema de conversación.
Y hay otros,
que sinceramente no les importa lo que estés viviendo
porque siempre
siempre
siempre 
estarán a mi lado,
para abrazar,
calmar 
y amar.
Este fin de semana me encontré con una de esas personas:
me escuchó y jamás me apuro,
"eres una guagua todavía, no te preocupes"
Y yo que pensaba que sólo mamá me diría algo así,
pues me sorprendí tanto,
me sentí tranquila,
me relajé.
Y a partir de esto vuelvo a la misma reflexión:
me reservó,
me quedo en el silencio,
pues sólo un par de oídos sabrán mi verdad,
tendrán la primicia de mi vida,
mis miedos,
mis sueños,
y en qué estoy realmente.
Que los demás piensen lo que quieran,
que soy una floja,
que soy lesbiana,
que soy tímida,
que me falta esto y lo otro.
¿Qué más da?
Sigo siendo yo la dueña de mi vida,
y si yo lo quiero: 
no sabrán de mí lo que oculto,
lo que jamás he querido contar.
No hay una vida que me está apurando,
son las mismas personas que me rodean los que atormentan mi proceso:
familia, amigos, conocidos.

Sin duda todos llevamos una tormenta interior,
que algunos quieren compartir,
y otros quieren ocultar.
Pues bueno,
yo la quiero ocultar de todas esas personas que me quieren apurar,
que quieren saber de mis procesos sólo para cuestionar,
criticar y rechazar,
con la idea de "ayudar".
Yo me dejo ayudar, de verdad, por pocos.

domingo, 7 de julio de 2013

Caigo en tí.

Hay muchas cosas que no me preguntaron.
Hay otras en las que ni siquiera participé.
Hay cosas que los demás dan por hechas.
Quisiera haberme quedado en ese tiempo en que mi madre me sostenía en sus brazos,
tiempo en el que pensaba en ese amor eterno y constructivo,
tiempo en el que jamás dudé de lo que podía alcanzar,
tiempo en el que miraba por la ventana de mi cuarto
y pensaba en qué será de mí a los veintitantos.
Ahora pienso en qué será de mi a los treintaytantos,
y no quiero estar como ahora,
pensando en los límites,
en ayudar a los demás
sin que nadie se voltee a verme al rostro.
Escuchando y sobre escuchando a todos,
sin escuchar mi cuerpo,
mis sueños y mis triunfos,
porque nadie los celebra
como lo hago yo en la soledad,
con el mate y mis cigarros.

Quiero que llegue el día
en que me esté subiendo a ese avión,
sola, llena de energía y sin temor,
con el corazón lleno de amor
y las ganas de abrazar(te) como ayer.
Quiero olvidarme
enrredada en una aventura que me vuele la cabeza,
en una historia que me deje cautivada,
en una amistad sana y apañadora,
en una enfermedad que desaparezca,
en el amor por sobre todas las cosas,
en la voluntad,
en las personas indicadas.
No quiero equivocarme más,
no quiero pensar en quienes no me piensan,
no quiero gastar mis energías y mi tiempo en quienes no lo valen,
no quiero decaer porque sí,
no quiero dejar de soñar.
Se acabó la incondicionalidad ahora,
porque no doy un peso por quienes no piensan en mí.

Sí, creo
sólo que hoy dudo.
Como siempre,
me refugio en tí.





domingo, 23 de junio de 2013

No existo para él.

Ayer me rendí.
Me dejé caer.
Me vencieron.
La mochila me sobrepasó,
las energías no renovables se fundieron,
y estaba yo frente al mundo,
con los ojos llorosos,
y un montón de palabras para maldecir.
Me dejé en tus brazos,
que no se parecen a ningunos,
son tus palabras,
tus ojitos brillosos,
tus energías
y tu inmenso amor.
"la felicidad depende de tí"
No sé si me mató,
o me dio esperanzas para vivir,
aún lo pienso.
Me decidí
y me gané un sábado para mí,
me entregué a una invitación,
me preparé como nunca,
y bailé hasta el amanecer.
¡Qué carajo, si es mi vida!
Pero pasó algo que no tenía en mis planes,
porque lo había dejado atrás,
porque habían pasado meses,
pero ahí estaba.
Esas mismas palabras al viento
que tanto disfruto,
esa gracia en la punta de la lengua,
esas carcajadas compulsivas,
esa burla cómplice,
esa pérdida del ridículo.
¿Y qué hacer?
Disfrute todo los momentos,
hasta llegar a dormir al amanecer
y me cuestioné,
reflexioné
y me asusté.
¿Por qué carajo tengo taaaaan mal ojo?
¿Por qué carajo mis energías están puestas en personas equivocadas?
La estúpida sigo siendo yo,
mostrándome interesada,
sonriente,
y escuchando mil veces
"eres tan linda y amorosa,
cualquier hombre quisiera estar contigo"
Sí,
por eso estoy.

Azaroso, injusto,
como sea,
estoy.

Tiro la toalla,
la sábana,
mi ropa,
mis energías,
¡me cansé!

Aún así,
quiero salir a bailar
tooooooooooooooooooooodos 
los viernes y sábados.

miércoles, 19 de junio de 2013

Tantas cosas y sólo una persona.

Ni siquiera puedo hacer una metáfora de esta semana diciendo que me subí a una montaña rusa, y aún no me bajo, porque esta pelotudez no me suelta.
Podría decir que han sido semanas de mierda,
pero no lo han sido completamente,
más bien las enfermedades se me vinier encima:
desde mi papá, pasando por mi gato y luego yo.
Podría decir que todos los días las amistades me desilusionan más,
que intento respetar los ciclos de cada persona,
pero ¿cuándo soy yo la protagonista?
Hoy pienso en mí.
He intentado siempre eliminar cosas negativas,
pero están pegadas, 
se niegan a emigrar,
vuelven una y otra vez,
aparecen y desaparecen,
vuelven con una sonrisa
y se marchan con la boca llena de escusas.
Sí,
quiero familia,
amor, sonrisas, carcajadas,
planes, siestas,
lectura ociosa matutina,
música y baile,
amistad de verdad y permanente,
tiempo,
mucho tiempo para mí,
para crear mis propios problemas y no vivir con los de los demás,
mucho tiempo para hacer deporte,
mucho tiempo para (re)pensarme,
mucho tiempo para planear.
Quiero profunda tranquilidad y estabilidad,
olvidarme de la necesidad del dinero,
de la superficialidad del cuerpo
y las ganas que tengo de irme al carajo.
Quiero dejar de escuchar palabras repetidas,
frases hechas,
calmantes y vacíos,
prefiero el silencio ensordecedor.
Correr por la playa con mi cámara
y enloquecerme con el sonido de las olas
y el profundo azul allá donde se pierde la línea horizontal con el sol.
Tener la seguridad de esas vacaciones,
recorrer esas calles con el acento maravilloso pegado en la piel,
con la certeza de la diversión y la mierda bien lejos.
Aprovechar las oportunidades que se me presentan,
gracias a mi esfuerzo y trabajo,
a las noches de desvelo y las lágrimas de ansiedad y dolor.
Armarme de paciencia para afrontar los años que me queden a tu lado,
para aprovecharte y conversar unas cuantas veces el mismo tema,
recorrer historias que siempre escucho
y recordarte como hoy.

Quiero tantas cosas y sólo tengo las ganas y las lágrimas.
Sólo tengo la familia repartido
y los deseos de poner mi vida por delante de todo.
Sólo tengo el esfuerzo y las energías a medias.
Sólo tengo mis manos y mis capacidades
para cumplir cada uno de mis sueños.
Por lo pronto,
me deshago de la mierda,
de la decepción que me persigue desde que comenzó esta relación,
dejo todo el tiempo restante sólo para mí.
Y...
cuatro de diciembre te espero
¡te espero!

Somos