martes, 6 de julio de 2010

Renacer


Con el viento jugando con mi pelo, mientras la lluvia caía en mi rostro, dándome luz,
vida y simplemente esperanza. Miré, me detuve y seguí caminando con rumbo
aparentemente definido, cada paso era una nueva esperanza, una nueva convicción,
una nueva certeza, un nuevo 'sí' implícito, una nueva oportunidad, una nueva sonrisa
y un nuevo desafío. Con la música traspasando mis oídos, con una melodía pegada a
los labios y el ritmo en mis dedos: con estas combinaciones no habían interrupciones
ni negatividad, sólo esa bendita esperanza que me mantiene despierta, sonriente y
pendiente. A veces no alcanzan adjetivos, ni siquiera verbalización para hacer acción
lo que se manifiesta dentro, sólo el brillo de los ojos, la energía que circula alrededor,
esa necesidad de compartir sin motivos, sólo por el gusto de la compañía y de las
carcajadas, esa necesidad de estar de permanecer de trascender, de perpetuar los
abrazos y congelar las palabras, las miradas y la complicidad, ese sabor a calidez
infinito. Me aferro a mis convicciones, a las energías y a mi fe. No he dejado de ser
yo, es más, he vuelto a renacer, he dejado atrás días oscuros para deslumbrarme
nuevamente con todo esto, intentando esconder el miedo, atravesarlo y destruirlo,
cambiarlo por convicción y amor infinito. 'La vida a veces te invita una ronda, te
guiña los ojos, concede una tregua. Quizás sólo dure segundo este sueño, pero,
sin duda, habrá merecido la pena

jueves, 1 de julio de 2010

¡Vuelvo!

Vuelvo al lugar en el que el reo echa las horas
mientras sueña y su coartada se desmonta,
al hogar vacío o a su boceto
roto e inconcluso. Allí vuelvo,
al lugar en el que la culpa me abriga,
donde me espera la nevera vacía,
correo a tu nombre en el buzón
y esta canción.

No digas que todo era mentira.
¿Qué fue entonces toda esta ceniza
que cubre los muebles,
que hoy esparce el viento,
y quema mis pulmones cuando vuelvo?
No digas que todo era una farsa,
¿de dónde salieron los fantasmas
que habitan la casa,
que lloran y abrazan
el olor de tu sombra?
Esa que me encuentro cuando

vuelvo al solar de la casa aquella que el lobo
–que es la vida– ha derribado con un soplo.
Vuelvo al futuro imperfecto.
Vuelvo y descubro
mi silueta en el suelo cuando
vuelvo al bar que cierra más tarde aquí en Madrid,
a la casa que contigo construí,
al mal presagio, al verano
en que nevó en el salón.

No digas que todo era una farsa.
Siento tanto haber perdido el mapa
que lleva al tesoro dulce y luminoso,
he olvidado donde lo escondimos.
No digas que todo era mentira:
los encuentros y las despedidas,
tampoco los días en que me decías
que todo iba a irme bien.

Aún queda tanto por vivir,
tantas cosas por hacer
aunque pesen los fracasos.
Cuántos veranos perdí
buscando aquella canción.
Siempre estuvo en tu regazo.

Nuestro error nunca fue amar
como si el jodido mundo
acabara en nuestro abrazo.
Que nadie te haga pensar
que no fuimos los mejores
cuando el sol ardía en tus labios.

Vuelvo y te encuentro en las cumbres y en el lodo,
la verdad es que te encuentro en casi todo,
siempre o casi siempre te encuentro.
Quizá por eso vuelvo.

domingo, 27 de junio de 2010

Amor propio


No quiero tomar determinaciones. Hoy no quiero decidir por mi, ni por nadie. No quiero sentirme responsable de otras vidas, de otros sufrimientos, de otros dolores o simplemente de otras indiferencias. Ni siquiera quiero sentirme responsable de mis lágrimas y de este cansancio que espanta sonrisas y alegrías. Quiero entregarme a mi cama con la idea de insoportable de escapar, de olvidar y de sanarme de una vez por todas. Quiero calidez, quiero que en mi piel recorran vibraciones y amor, quiero equilibrio y estabilidad, quiero sonrisas y abrazos regalados, quiero iluminación y permanencia, quiero cariños y proyección, sensibilidad y lealtad. No quiero más humillación, más desamor, más esperas, más incomprensión y deslealtad, más indiferencia.
A veces siento que mis castillos de arena se derrumban y con ellos mis aspiraciones, ese amor tan embriagante que se lo llevaron las ausencias, ese sabor a eternidad que tenía todo, esa construcción maravillosa que se la llevó la lluvia, esas sonrisas quebradas y esas alegrías con sabor a reproche. Sólo me queda remojar mi cabeza con agua fría, reparar mi cansancio, reconstruir mis pedazos y armarme de valor nuevamente ante la vida, buscar razones, sanar mi corazón y la piel, putear una y mil veces si es necesario, y cerrar puertas. Iré a golpear la puerta del amor propio e invitarlo a retornar a mi vida.

miércoles, 23 de junio de 2010

¡Grita!


A veces siento que no aguanto más, que solo me queda correr sin destino aparente y zacear esta angustia, calmar la sed de aquella piel conocida, refugiarme en esas incertidumbres que tanto detesto, embriagarme de ese olor y gritar. Sí, quisiera gritar de rabia, porque no encuentro soluciones, porque vivo limitada en mis ideales y vivo de ilusiones, quisiera gritar porque las esperanzas no me bastan, porque el amor ya no es suficiente para vivir, porque espero respuestas incansablemente y sigo luchando. Quisiera gritar por dejar de lamentarme por lo que pasó, pasará y no pasó, por lo que debo hacer y no hice, porque aunque no quiera asumirlo confío en ese hombre, quisiera gritar por mis frustraciones, por mis caídas y mis estancadas, por mi cobardía y vergüenza, por las limitaciones que yo misma construyo, por las murallas que no me dejan seguir, por mi cabeza que no deja de trabajar y se pierde entre actos, ilusiones, murallas, caídas, lágrimas y sonrisas. Gritar, simplemente gritar.

domingo, 20 de junio de 2010

En qué lugar


Qué débil soy, qué débil me siento. Qué vulnerable a tanta información y a tanta emoción. Qué pequeña me siento, sabiendo que puedo ser gigante. ¿Dónde me quedé?, ¿en qué momento me perdí y dejé de ser yo?, ¿en qué lágrima se fue mi fuente de energía?, ¿en qué día perdí mi autenticidad?, ¿en qué lucha perdí las ganas?, ¿quién me robó la calidez?, ¿quién se llevó las cosquillas de mi piel?, ¿dónde dejé mis noches de inviernos invadida?

miércoles, 16 de junio de 2010

Incertidumbre certera


Aún me iluminan las energías del fin de semana. Aún cuando no sé qué hacer, si esperar o determinar, si quedarme en este letargo insoportable o tomar el camino más fácil: mandar a la mierda. Porque me siento sola y responsable, ahogada y decepcionada, incomprendida y patética, desencantada y agotada, pero será que aún me quedan ánimos para luchar, para dar la última pelea, para agotar las energías... pero ese miedo me recorre la piel, ese miedo a seguir fracasando, al retroceso y la desesperanzada, miedo a que esa soledad me siga esperando a la bajada de la estación, para cagarme la onda y sumergirme en un bajón del cual arranco a diario y que sólo las energías cálidas y amistosas me sacan.
Vivo los días olvidándome de mis penas, haciéndome la loca y enfocando mis ganas en las vacaciones y mis proyectos, en mis locuras y arranques que sirven de terapia rápida y efectiva, en la soledad mientras sin quererlo espero esas respuestas que determinarán la parada de estos años dolidos y disfrutados, cobijados y ausentes.
Sigo sin saber, con la única convicción que mis días sí cambiarán.

viernes, 11 de junio de 2010

Simplemente quiero correr


Tengo ganas de desfallecer y enredarme entre sábanas, gritarle a mi gato que acompaña mis tristezas y dejarme desaparecer de la vida, que me olviden, que desde ahora pierdan mi imagen en su memoria a corto plazo, donde se guardan afectos, cariños, estímulos. Que mi nombre deje de tener esa discordia que tanto me desagrada, y ya no me nombre, ni por María ni por Olga, porque nunca lo aprendieron, ni entendieron la importancia, que los labios olviden esa gesticulación, que los ojos vigilantes y curiosos dejen de recorrer mis rincones, imperfecciones y colores, que se pierda en mis marices y por fin, naturalmente me olviden. Este sentir o arranque, no tiene que ver con pesares o penas o desilusiones de la vida, quizás tiene que ver con desgaste, con perder algún sentido o sabor, con ese maldito deseo de correr lejos y sin destino, sólo por el hecho de correr: ¡quiero correr! Quiero olvidar, quiero volver a aprender, olvidarme de cómo tomar el lápiz, de cómo formar amistad, de cómo abrazar y hasta de cómo discutir. Quizás esa necesidad/carencia/ganas: se relacione con lo que vivo y cómo lo matizo, cómo lo recepciono en mi piel, para producir una reacción y una revolución.. Revolución que quiere hacer erupción, pero no hay vías de expresión y de escape, de ahí 'el correr lejos, gritar, saltar, bailar': buscar agotar mis energías en algo más saludable, en una 'nueva forma de expresar' y de ser yo.

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