lunes, 26 de abril de 2010

No más razones


Porque he aprendido a amar
Porque los sueños me dan respuesta
Porque me sorprendo a diario de la amistad
Porque volví a creer
Porque aprendí a aceptarme
Porque ya no lloro innecesariamente
Porque no me caliento la cabeza por tonteras
Porque mi corazón late
Porque sonrío más
Porque no hay invasión
Porque no necesito más 'Amigos pocos, pero muy muy queridos'
Porque hoy priorizo, y me he dedicado a mi
Porque canto y con ganas
Porque ya no me culpo
Porque abrazo con más intensidad
Porque sigo disfrutando de ese mate al atardecer
Porque los que hoy me acompañan son los que importan
Porque no hay límites, sólo desafíos y ganas
Porque en las fallas está la superación
Porque tenemos que empezar a amar sino queremos enfermarnos
Porque no se necesitan muchas razones para ser feliz

sábado, 17 de abril de 2010

Paréntesis aquel


Me quedo en el paréntesis de lo que significa mi vida, envidiando al de lado porque no le entran balas, porque vive la vida a concho de tal manera, que no invade al otro con sus preocupaciones, sino que su visión es desapegada, pero no displicente, relajada y observadora. Envidio al que se para ante la vida con entereza y seguridad, a quien llora sólo de felicidad, a quien da pasos agigantados y con toda convicción, a quien hable y no tiemble, a quien no le tiriten las piernas al entrar a una prueba, a quien esté convencido de sus metas y las consigue, mientras yo me congelo en miedos, me cubro de inseguridades y lloro por mis frustraciones, me duermo abrazada de mis letargos y tiempos muertos, donde la luz atraviesa mi oscuridad. Ando cagada de miedo, esperando que alguien tome mi mano y no la suelte más, que me regalen convicciones y certezas, que el piso no tiemble con cada una de mis decisiones, que el humo y la calidez de mi té me den más respuestas que preguntas, que los viajes, el aire nuevo y las caras que tanto amo, me invadan de vez en cuando, me llenen de energías, de matices y esperanzas, de concretud y opción, de trascendencia y permanencia.

martes, 13 de abril de 2010

Necesito de sus energías


Estos días he sentido que las horas se me pasan, que la preocupación, el dolor y la poca alegría le están ganando a mis ganas. Despierto para pensar en dormir, y en que eso mitigue mi dolor, por lo menos unas cuantas horas y se lleve esa sensación de letargo constante. Se hacen necesarias esas inyecciones de aventuras y energías, de carcajadas por montón y de alegría contagiosa, de entusiasmo y de alguna motivación desde el cielo, porque aquí ya no quedan muchas.. Se agotan las excusas, los fundamentos y caigo en la monotonía de los días, en la espera de que llegue un 'mañana' más despejado o que me traiga una sorpresa, un nuevo color, saboreando la idea de un respiro, de una nueva señal. Por el momento, sonrío con la idea de celebrar el cumpleaños del viejo querido, de las visitas, de los preparativos, de los viajes, los visitantes, y los que viajarán, intento despertar olvidándome de dolores y responsabilidades que tanto me ahogan, y que según la doctora 'me están pasando la cuenta', trato de besar más a mi madre y agradecerle por su apoyo infinito, le sonrío a mis profes y tomo atención al mundo, observo, huelo, vuelo y mateo...
Las cosas con calma, al parecer resultan mejor. ¡Necesito de sus risas y de sus energías! Increíblemente necesito de esas caras del verano.

viernes, 9 de abril de 2010

¿Llegará?


Un día soleado, con ese viento conquistador y cautivante. Con aquella melodía en mi cabeza, que acompaña mis días, sonrío y espero ese nuevo destello, esas caras conocidas que tanto me tranquilizan, esos olores maternales y la calidez propia de todo esto. Necesidad de desconectarme de estos dolores físicos, bastante extraños y respirar, dejarme llevar por este viento de otoño, tomarme un mate bien conversado, y poder con esas horas, extender la atmósfera, y no saber que debo llegar a casa, y dejar de ver el sol por unas horas.
Espero ansiosa ese día, que las agendas apretadas y las distancias nos permitan un reencuentro y una nueva terapia, una multiplicidad de carcajadas y abrazos ricos, cigarros y esta vez, mates.

viernes, 2 de abril de 2010

Bendita reconciliación


Hace un tiempo, había una muralla de hielo entre Tú y yo, quizás fue parte de un proceso algo opaco y manchada por cuestionamientos, incredulidades de los demás, e incluso por moda, por sentirme ajena y poco aceptada. He llevado mi amor hacía ti en secreto, si me preguntan por ti, digo que vives en mi, pero no hago mayor alarde de tu magnitud, más bien la guardo muy bien, y sé con quien compartirla. Este verano pasaron muchas cosas, y no hablo solo de ámbito emocional, amistoso o carismático, tiene que ver con lo que pasa aquí dentro, con mis conflictos, con mis ausencias y vacíos complejos, que retumban y hacen eco, como pidiendo auxilio, con el convivir con aquél tanto quieres, pero no entiende, no comprende y es más, cuestiona tus creencias, con el enfrentar culpas y estancamientos, con el gris opaco de la cuidad y de la sociedad, donde creer y sonreír no son compatibles. Comprendí desde aquellos silencios tu presencia, desde esos matices que no fui capaz de descubrir, de esas noches de viento y compañía, tú compañía, entendí que aquella aceptación que buscaba partía por mi, y me encontré muchas sorpresas con respecto a eso, que fueron la confirmación de opción.
Siguen acompañando mi vida esas personas incrédulas, aquellas que aún no descubren un nuevo sabor, una nueva energía, muchas otras que pierden el respeto y que pasan a llevar a otros que sí escogimos creer. Intento comprender, entender ideas opuestas, pero me cuesta tanto.. Experimento la idea de tener ese motor inmóvil en mi vida, de haberme reconciliado conmigo, con mis ataduras y de haberme reconciliado contigo, con todo lo que representas y con todo lo que significas.
Esta semana tiene que ver con esa necesidad de agradecer, de querer vivir, de que me estremece saber esta vez la experiencia tendrá otro sabor, que traspasa las creencias, que tiene que ver con un estilo de vida, con comprometerse con ese matiz que faltaba y que se suma a la conjugación de factores que hacen mi vida una construcción mucho más solida.

viernes, 26 de marzo de 2010

Espera


Sentada espero aquella llegada.
Con los ojos húmedos espero y espero.
Sentada a los pies de mi cama, con la piel erizada por mi imaginación.
Y sonrío, pensando en lo prometido.
Pasa el tiempo y el frío empieza a congelar mis ánimos y esperanzas.
Entre la bruma apareces tú, con tus manos cálidas.
Junto a ti sé que no estaré sola, lo sé.


Otra espera.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Quiero volver.


Las lágrimas volvieron a invadirme un día cualquiera, entre sollozos intento buscar una maldita respuesta que me de algo de consuelo, que me de el remedio a esta incertidumbre y me deje una vez más, tendida en mi cama en espera de algo, con el cuerpo marchito y húmedo por las lágrimas, solo y alejado como siempre lo estuvo en estos días. Las respuestas son super simples, una de ellas es la presencialidad, palabra que tanto cuestiono e intento no exigir de tu parte, pero ¿qué hago yo aquí sola en espera de aquel otro cuerpo que divaga en sonrisas, unos metros más allá?, y más ahora que un proyecto que está por concretizarse, hará más grandes las distancias, eres tú quien cuestiona, "ahora ya no nos veremos", "será complicado estar juntos", mientras yo me alegraba y sonreía por aquella opción que se nos presentó como familia. Me derrumbas mis alegrías, para ponerte en contra de ellas, me haces todo un poco más difícil y ahora soy yo quien comienza a cuestionar mis alegrías y los proyectos, pensar en qué ahora, en cómo y el modo, en qué será de mi vida, en qué cosas cambiarán y si seguiré así de sola o más.
Quiero volver, quiero retornar y sentirme indefensa ante la vida, que los demás tomen las determinaciones por mi, sentir que las responsabilidades me siguen siendo ajenas, y que la felicidad se resuma a los brazos de mi madre. Quiero olvidarme de algún dolor, y de mis ausencias y oscuridades, quiero practicar la dependencia emocional, nuevamente para no sufrir más. Necesito volver a jugar en esa casa, llena de sonrisas y pendejadas, quiero que esos ojos me vuelvan a mirar, y que los domingos me vuelvan a convocar, quiero vestirme de rosa y con zapatos de charol, quiero trenzarme el pelo y jugar a la escondida, quiero que me vuelvan a tomar en brazos y sonreírle a la vida con ese breve gesto, quiero que me vuelvan a enseñar a atar mis zapatos y a pasar los cumpleaños todos juntos, quiero recobrar olores y lugares, quiero volver.

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