Sí, mi cumpleaños debió haber sido distinto.
Había abrazos que merecía y necesitaba recibir,
palabras que mi oído debía escuchar y no fueron dichas,
miradas que me salvaran de esta ausencia maldita,
el reconocimiento de los años y del crecimiento que se pasó por alto,
la atención de quienes amo y no estuvieron.
Como otras veces,
la fecha de mi cumpleaños me dejó con sabor indescriptible:
por un lado saborear el amor de la amistad incipiente
que viene a remecer mi corazón y mis deseos,
pero por otro, la ausencia y la decepción de quienes están tan cerca,
pero tan lejos.
La semana no ha sido fácil,
la contingencia se ha llevado mis ganas,
y la verdad es que no pareciera que mi cumpleaños pasó hace cinco días.
Me pasó una aplanadora por encima,
me dediqué a vivir en él y del silencio,
eso es lo que necesito
porque..
estoy abatida y completamente cansada de la incondicionalidad
¡no quiero estar más, me rindo!
¿por qué tengo que estar cuando los demás no están para mí?
¿por qué debo permanecer de pie, cuando nadie está por mí?
¿ por qué me mantengo acá si me han traicionado y olvidado tantas veces?
¿por qué sigo siendo amiga a pesar de los olvidos?
Me rindo, me voy, me largo de acá.
No hay quién merezca tantos perdones, ni tantas lágrimas.
Voy a darme el silencio y el momento para mí que nadie me ha dado,
que ninguna persona me ha regalado.
Si me preguntan qué deseos pedí el pasado 30 de Septiembre:
sólo diré que quiero ser feliz
y no sentirme así (como me siento hoy) nunca más.




