miércoles, 17 de marzo de 2010

Lejos del dolor


Busca mis ojos,
toma mi mano, acércate.
Este es tu sitio,
ésta es tu taza de café.
No digas nada,
dices con la mirada más de lo que crees.
A la deriva,
llevas el alma en el timón.
Vas por la vida,
solo escuchando al corazón.
Buscas un puerto,
buscas un cielo abierto
lejos del dolor...
Oh, oh, oh, Raquel
Tanto camino,
tanto buscarte en otra piel.
A tu destino
querías mantenerte fiel.
Princesa herida,
el teatro de la vida
cambia tu papel...
Oh, oh, oh, Raquel

lunes, 15 de marzo de 2010

No más disfraz, ni antifaz


Me puse mi falda, disfrazando un poco mi timidez y vergüenza.
Mostré mis piernas sin ningún pudor, y caminé por las calles repasando esas líneas que tenía que llegar y escupir a ese hombre de ojos inquietos. A veces titubeaba, pensando que aquél encuentro no sería la mejor solución a nuestro gran problema: 'tu excesivo relajo y por mi lado, mi cuota de gravedad a las situaciones'.
Te recordaba caminando a mi lado, tomados de la mano, tomando un café con crema y aquellos días nublados que tanto amábamos, yo evitaba nombrar o prenunciar un '¿qué haremos con esto?' o 'conversemos', porque implicaba fruncir el ceño, y vomitar palabrotas al aire, que al final no nos ayudarían, sino más bien dificultarían todos nuestros intentos.
Seguí caminando, convencida que al verme, disfrazaría mis miedos y tendría una certeza dibujaba en mi rostro, para que por fin abrazáramos una misma idea. Llegué. Me sonreíste y tus ojos brillaban a lo lejos, tu abrazo me estremeció y pude descubrir aquél olor en ti, que me rememoró mil imágenes. Nos miramos fijamente y no había más que hacer. ¿Qué hacía yo ahí parada, disfrazando mis temores y mis miedos, mis fracasos y mis caídas, con una falda colorida y mis labios rojos? Endulzados por el amor y la calidez fundamentada en los años, pero más aún en aquella sonrisa que me siga haciendo vibrar, dejé de lado todos esos cuestionamientos, no sólo tuyos, sino mios también, y me deje llevar por esos recuerdos y ese presente que elegimos vivir, con dulce y más dulce.

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Cómo?

¿Cómo arreglar todo esto?
¿Cómo juntar a una mujer planificada y ordenada, con tu tipo espontáneo, que vive la vida al segundo y que toma decisiones sin mucho cuestionarse? ¡Fácil!, dejando que la mujer se despeine un poco con la vida del hombre, que se deje llevar por el viento y se deje de complicaciones. Lamentablemente, tiene muchas más complicaciones que eso, aquí les presento a estos personajes: él, un tipo relajadísimo, que no se inmuta con nada en la vida, divaga y diambula por los rincones, un hombre muy social y sociable, con pocas cosas se conmueve, pero es un tipo totalmente comprometido con su pasión. Gozador de las noches de bohemia y buena conversación, es más, un conversador destacado. Volado y despistado, que en cuatro paredes deja todos los pudores, y se transforma en un gato regalón y mimado, libre y apasionado. Ella, una mujer fumadora y que disfruta de una salida con los amigos y un buen libro, buena para dormir y casera como ella sola, pues su familia es lo más preciado. Intenta cumplir siempre su palabra, planificada y organizada, además de tener muy buena memoria, jamás se le olvidan los dolores ni daños, ni mucho menos los cumpleaños.
¿El problema?, no concuerdan en muchas cosas, pues son muy distintos, y claro sería re fome que fueran iguales, la vida se enriquece de las discusiones y los vaivenes, pero a ella la aterra volver a sufrir y a él, le aburre el mismo tema. Y ella piensa: "y si vuelve a pasar los mismo", y el replica: "qué lata todo esto..", y así el tiempo pasa y pasa, entre lágrimas y reproches y yo de espectador pienso: "¿y por qué cresta no se abrazan y se besan, si se aman más que la cresta?, si sufren, se acompañan en el dolor, si ríen y lloran de felicidad, será juntos, ¡Aménse!"
Pero siguen ahí, ella esperando que él la cague para volver a encarárselo, y él dejándose llevar por sus decisiones arbitrarias y poco pensadas, viviendo la vida, simplemente.
¿En qué terminará?

¡Amánse por la cresta!

Solo


Sólo necesito de tu olor.
Y luego volver a olvidarte.

sábado, 6 de marzo de 2010

La vida y su fragilidad


Con los últimos acontecimientos, hemos podido percibir y experienciar la fragilidad de nuestras vidas, ver que en dos minutos nuestros planes son desechados, porque la naturaleza se hace presente y nos manifiesta su poder, y nos deja en igualdad de condiciones con el otro. Para algunos, una “prueba” de Dios, para otros un efecto natural, para algunos las pérdidas totales tanto humanas como materiales, yo me quedo con la manifestación de Dios en mi vida, mediante ese desastre.
Tuve que contener, que hacer callar y comportarme de acuerdo a la situación, como nunca antes lo había hecho, lejos de mi familia y de mi hogar, a kilómetros del seno materno y con la certeza de que Dios no me abandonaba. Me sorprendí de mí, de mi paz y tranquilidad, de la contención hacia los demás, de mi preocupación silenciosa y de aferrarme simplemente a mi fe. Me olvidé, me olvidé del frío, de mis necesidades, de los planes que teníamos para esas mini vacaciones de dos, que se fueron a la cresta en dos minutos, y que duraron 5 horas, y sólo me quedo ese hombre con los nervios de acero, que estaba completamente quebrado, desesperado, inquieto y atento a cada ruido, a cada noticia, para sorprenderse con ella y morir con cada pérdida.
Luego de 10 horas de estar pendiente de todo aquél que me rodeara, de acariciar, cobijar y acompañar las inquietudes de los demás, me preocupé de mí. Sentada afuera de ese terminal, viendo como las personas corrían tras la urgencia y desesperación, pensé en los de lejos, me dediqué a llorar, a sentir desde lejos todo esto y me dije: “y después de esto.. ¡no te queda nada!”. Aferrada a esa mano tibia, pensé en mi casa, en mis viejos, y a todos los que amo que dejé en la capital: y yo paralizada, fuera de un Terminal, con las lágrimas recorriendo mi mejilla y el dolor me estremecía, ese dolor que desespera, pero que trae consigo acciones y reacciones, matices y sabores de crecimiento… y la gracia de Dios se hizo presente. En unas horas estaba aferrada a los brazos de mi vieja, mientras las lágrimas corrían, pero por fin llegaba de donde salí.
¿Y qué nos queda, cuando la naturaleza nos recuerda lo pequeños que somos?, a la mierda se van esos cuestionamientos, esas preguntas capciosas y malintencionadas, esos prejuicios y juicios, esos enjuiciamientos de amistades fugaces y de amores de día por medio, porque al final aprendí y en realidad, confirmé que Dios está aquí, vive en las murallas de esta casa y de este corazón que hoy escribe, porque todas esas personas que llamaron a mi celular estos días, quienes me escribieron y se alegraron al volver a verme, son el fiel reflejo de que ese amor esperanzador y luchador vive aquí.

jueves, 4 de marzo de 2010

Aferrados a tu amor


Porque estar vivo significa algo.
Porque no desisto de rezar y agradecer.
Porque a pesar de tener casas y familias separadas, las esperanzas no mueren en el intento.
Porque a pesar de que las lágrimas no dejan de invadirme, hay alguien que vive aquí dentro.
Porque sobran razones para seguir adelante.
Porque los miedos nos atacan y somos capaces de levantarnos.
Porque nos movemos por el amor al otro.
Porque creemos fielmente en un renacer.
Porque nos aferramos a la esperanza y nuestra bandera de lucha flameará por fin.


Porque a pesar de todo esto, me cuesta tomar la postura que me pides y dejarte ir, como a ofrecerte a la deriva, sin más que tu corazón comprometido y apasionado, jurándome con esos ojos brillosos que volverás y que esté tranquila, que deje de llorar y rece por él. Las decisiones ya fueron tomadas, ¿qué más me queda por hacer?, esperar que los días sigan su curso, pero que esta vez pasen veloces y sin novedad, que el frío me mantenga en esta cama, con los ojos pegados en mis libros y con la calma con la que hoy desperté.

Con el corazón apretado, pido a Dios que nos regale esperanza y tranquilidad, que nos embriague de norte a sur de su inmenso amor, y que nos tenga entre sus manos.

lunes, 1 de marzo de 2010

Con la esperanza viva


Porque la fé sigue viva en nuestros corazones plagados de dolor y triteza, porque aunque hemos perdido vidas, la esperanza puesta en Cristo no tiene límites..

Somos